El fotógrafo Thomas Czarnecki capturó ese pesimismo en esta serie de fotos From Enchantment To Down, donde insinúa cómo las princesitas de los cuentos infantiles terminaron sus andanzas de manera muy turbia y diametralmente ajena a las divulgadas en las cintas animadas.



Alicia, muy lejos del país de las maravillas, terminó secuestrada en algún rincón perdido del orbe y con el pobre conejo blanco muerto a sus pies.



La Bella Durmiente terminó rodando peliculas para adultos de lo más sucio para alguna productora teutona, muy lejos del glamour de las estrellas estadunidenses, siendo su destino dormir para no despertar jamás.


El final de Cenicienta es aún más trágico, si bien fortuito: corrió demasiado para volver a casa a tiempo, tropezó y la zapatilla la mandó directo al más allá.


El cazador nunca llegó a tiempo para salvar a Caperucita, que sufrió una emboscada del lobo, poco interesado en los contenidos de la cestita.


Bella descubrió que si a su novio le llaman La Bestia no era sólo por su aspecto, sino por su fogosidad en la cama.


Mientras que La Sirenita terminó varada en la playa en su adiós al mar y a este mundo.


Pocahontas, con su amor por la naturaleza, acabó como otro trofeo más de un cazador.


El último deseo que pidió Jasmine fue en verdad su última voluntad, pues la lámpara desprendió un gas altamente letal.


Por último, el dulce príncipe de Blancanieves tenía unas intenciones más turbias y la esperó en un estacionamiento para mandar al otro mundo antes que lo hiciera la manzana envenenada.